“Si la tarea de la pintura fuese ponernos ante los ojos el aire y la preciosa vastedad del espacio y de todo lo demás, más valdría ir a disfrutar directa y gratuitamente de todo ello”(Ernst Bloch)

sábado, 30 de marzo de 2013


Curso básico de injusticia

Patas Arriba

La Escuela Del Mundo Al Revés
Eduardo Galeano

La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre las contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.
Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en las narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.

La igualación y la desigualdad

La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo.
La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años.

La igualación, que nos uniformiza y nos emboba, no se puede medir. No hay computadora capaz de registrar los crímenes cotidianos que la industria de la cultura de masas comete contra el arcoiris humano y el humano derecho a la identidad. Pero sus demoledores progresos rompen los ojos. 
El tiempo se va vaciando de historia y el espacio ya no reconoce la asombrosa diversidad de sus partes. A través de los medios masivos de comunicación, los dueños del mundo nos comunican la obligación que todos tenemos de contemplarnos en un espejo único, que refleja los valores de la cultura de consumo.
Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería, estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía.)

¿Qué pasa con los millones y millones de niños latinoamericanos que serán jóvenes condenados a la desocupación o a los salarios de hambre? La publicidad, ¿estimula la demanda o, más bien, promueve la violencia? La televisión ofrece el servicio completo: no sólo enseña a confundir la calidad de vida con la cantidad de cosas sino que, además, brinda cotidianos cursos audiovisuales de violencia, que los videojuegos complementan. El crimen es el espectáculo más exitoso de la pantalla chica. Golpea antes de que te golpeen, aconsejan los maestros electrónicos de los videojuegos. Estás solo, sólo cuentas contigo.
Coches que vuelan, gente que estalla: Tú también puedes matar. Y, mientras tanto, crecen las ciudades, las ciudades latinoamericanas ya están siendo las más grandes del mundo. Y con las ciudades, a ritmo de pánico, crece el delito.La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua expansión, para dar salida a su producción creciente y para que no se derrumben sus tasas de ganancia, pero a la vez exige brazos y materias primas a precio irrisorio, para abatir sus costos de producción. El mismo sistema que necesita vender cada vez más, necesita también pagar cada vez menos. Esta paradoja es madre de otra paradoja: el norte del mundo dicta órdenes de consumo cada vez más imperiosas, dirigidas al sur y al este, para multiplicar a los consumidores, pero en mucha mayor medida multiplica a los delincuentes. Al apoderarse de los fetiches que brindan la existencia real a las personas, cada asaltante quiere tener lo
que su víctima tiene, para ser lo que su víctima es. Armaos los unos a los otros: hoy por hoy, en el manicomio de las calles, cualquiera puede morir de bala: el que ha nacido para morir de hambre y también el que ha nacido para morir de indigestión. 

No se puede reducir a cifras la igualación cultural impuesta por los moldes de la sociedad de consumo. La desigualdad económica, en cambio, tiene quien la mida. La confiesa el Banco Mundial, que tanto hace por ella, y la confirman los diversos organismos de las Naciones Unidas. Nunca ha sido menos democrática la economía mundial, nunca ha sido el mundo tan escandalosamente injusto. En 1960, el veinte por ciento de la
humanidad, el más rico, tenía treinta veces más que el veinte por ciento más pobre. En 1990, la diferencia era de sesenta veces. Desde entonces, se ha seguido abriendo la tijera:en el año 2000, la diferencia será de noventa veces.
En los extremos de los extremos, entre los ricos riquísimos, que aparecen en las páginas pornofinancieras de las revistas Forbes y Fortune, y los pobres pobrísimos, que aparecen en las calles y en los campos, el abismo resulta mucho más hondo. Una mujer embarazada corre cien veces más riesgo de muerte en África que en Europa. El valor de los productos para mascotas animales que se venden, cada año, en los Estados Unidos, es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía. Las ventas de sólo dos gigantes, General Motors y Ford, superan largamente el valor de la producción de toda el África negra. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez personas, los diez opulentos más opulentos del planeta, tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países, y cuatrocientos cuarenta y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad.

El responsable de este organismo de las Naciones Unidas, James Gustave Speth, declaró en 1997 que, en el último medio siglo, la cantidad de pobres se ha triplicado, y mil seiscientos millones de personas están viviendo peor que hace quince años.Poco antes, en la asamblea del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, el presidente del Banco Mundial había echado un balde de agua fría sobre la concurrencia. En
plena celebración de la buena marcha del gobierno del planeta, que ambos organismos ejercen, James Wolfensohn advirtió: si las cosas siguen así, en treinta años más habrá cinco mil millones de pobres en el mundo, «y la desigualdad estallará, como una bomba de relojería, en la cara de las próximas generaciones». Mientras tanto, sin cobrar en dólares, ni en pesos, ni en especies siquiera, una mano anónima proponía en un muro de Buenos Aires: ¡Combata el hambre y la pobreza! ¡Cómase un pobre!
Para documentar nuestro optimismo, como aconseja Carlos Monsiváis, el mundo sigue su marcha: dentro de cada país, se reproduce la injusticia que rige las relaciones entre los países, y se va abriendo más y más, año tras año, la brecha entre los que tienen todo y los que tienen nada. Bien lo sabemos en América. Al norte, en los Estados Unidos, los más ricos disponían, hace medio siglo, del veinte por ciento de la renta nacional. Ahora, tienen el cuarenta por ciento. ¿Y al sur? América latina es la región más injusta del mundo.

En ningún otro lugar se distribuyen de tan mala manera los panes y los peces; en ningún otro lugar es tan inmensa la distancia que separa a los pocos que tienen el derecho de mandar, de los muchos que tienen el deber de obedecer. La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna:
paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. Ciudad de México, 1997, datos oficiales: ochenta por ciento de pobres, tres por ciento de ricos y, en el medio, los demás. Y la ciudad de México es la capital del país que más multimillonarios de fortuna súbita ha generado en el mundo de los años noventa: según los datos de las Naciones Unidas, un solo mexicano posee una riqueza equivalente a la que suman diecisiete millones de mexicanos pobres. No hay en el mundo ningún país tan desigual como Brasil, y algunos analistas ya están
hablando de la brasilización del planeta, para trazar el retrato del mundo que viene. Y al decir brasilización no se refieren, por cierto, a la difusión internacional del fútbol alegre, del carnaval espectacular y de la música que despierta a los muertos, maravillas donde Brasil resplandece a la mayor altura, sino a la imposición, en escala universal, de un modelo de sociedad fundado en la injusticia social y la discriminación racial. En ese modelo, el crecimiento de la economía multiplica la pobreza y la marginación. Belindia es
otro nombre de Brasil: así bautizó el economista Edmar Bacha a este país donde una minoría consume como los ricos de Bélgica, mientras la mayoría vive como los pobres de la India.En la era de las privatizaciones y del mercado libre, el dinero gobierna sin intermediarios. ¿Cuál es la función que se atribuye al estado? El estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios enanos, y de la represión de las peligrosas legiones de brazos que no encuentran trabajo: un estado juez y gendarme, y
poco más. En muchos países del mundo, la justicia social ha sido reducida a justicia penal.

El estado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza. Aunque la administración pública quiera disfrazarse de madre piadosa, no tiene másremedio que consagrar sus menguadas energías a las funciones de vigilancia y castigo. En estos tiempos neoliberales, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud pública y de la educación pública, como si fueran formas de la caridad pública, en vísperas de elecciones. La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la segunda guerra mundial, que a muchos mató. Pero, desde el punto de vista del poder, el exterminio no viene mal, al fin y al cabo, si en algo ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Los expertos denuncian los excedentes de población al sur del mundo, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento, día y noche: las mujeres siempre quieren y los hombres siempre pueden. ¿Excedentes de población en Brasil, donde hay diecisiete habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia, donde hay veintinueve? Holanda tiene cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadrado y ningún
holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todo. Haití y El Salvador son los países más superpoblados de las Américas, y están tan superpoblados como Alemania.El poder, que practica la injusticia y vive de ella, transpira violencia por todos los poros.
Sociedades divididas en buenos y malos: en los infiernos suburbanos acechan los condenados de piel oscura, culpables de su pobreza y con tendencia hereditaria al crimen: la publicidad les hace agua la boca y la policía los echa de la mesa. El sistema niega lo que ofrece, objetos mágicos que hacen realidad los sueños, lujos que la tele promete, las luces de neón anunciando el paraíso en las noches de la ciudad, esplendores de la riqueza virtual: como bien saben los dueños de la riqueza real, no hay valium que pueda calmar tanta
ansiedad, ni prozac capaz de apagar tanto tormento. La cárcel y las balas son la terapia de los pobres.
Hasta hace veinte o treinta años, la pobreza era fruto de la injusticia. Lo denunciaba la izquierda, lo admitía el centro, rara vez lo negaba la derecha. Mucho han cambiado los tiempos, en tan poco tiempo: ahora la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece. La pobreza puede merecer lástima, en todo caso, pero ya no provoca indignación hay pobres por ley de juego o fatalidad del destino. Tampoco la violencia es hija de la  injusticia. El lenguaje dominante, imágenes y palabras producidas en serie, actúa casi siempre al servicio de un sistema de recompensas y castigos, que concibe la vida como una despiadada carrera entre pocos ganadores y muchos perdedores nacidos para perder. La violencia se exhibe, por regla general, como el fruto de la mala conducta de los malos perdedores, los numerosos y peligrosos inadaptados sociales que generan los barrios pobres y los países pobres. La violencia está en su naturaleza. Ella corresponde, como la
pobreza, al orden natural, al orden biológico o, quizá, zoológico: así son, así han sido y así seguirán siendo. La injusticia, fuente del derecho que la perpetúa, es hoy por hoy más injusta que nunca, al sur del mundo y al norte también, pero tiene poca o ninguna existencia para los grandes medios de comunicación que fabrican la opinión pública en escala universal. El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso. Robert McNamara, que fue uno de los responsables de la guerra del Vietnam, escribió un libro
donde reconoció que la guerra fue un error. Pero esa guerra, que mató a más de tres millones de vietnamitas y a cincuenta y ocho mil norteamericanos, no fue un error porque fuera injusta, sino porque los Estados Unidos la llevaron adelante sabiendo que no la podían ganar. El pecado está en la derrota, no en la injusticia. Según McNamara, ya en 1965 había abrumadoras evidencias que demostraban la imposibilidad del triunfo de las fuerzas invasoras, pero el gobierno norteamericano siguió actuando como si la victoria fuese posible. El hecho de que los Estados Unidos hayan pasado quince años practicando el terrorismo internacional para imponer, en Vietnam, un gobierno que los vietnamitas no querían, está fuera de cuestión. Que la primera potencia militar del mundo haya descargado, sobre un pequeño país, más bombas que todas las bombas arrojadas durante la segunda guerra mundial es un detalle que carece de importancia.
Al fin y al cabo, en su larga matanza, los Estados Unidos habían estado ejerciendo el derecho de las grandes potencias a invadir a quien sea y obligar a lo que sea. Los militares, los mercaderes, los banqueros, y los fabricantes de opiniones y de emociones de los países dominantes tienen el derecho de imponer a los demás países dictaduras militares o gobiernos dóciles, pueden dictarles la política económica y todas las políticas, pueden darles la orden de aceptar intercambios ruinosos y empréstitos usureros, pueden exigir
servidumbre a sus estilos de vida y pueden digitar sus tendencias de consumo. Es un derecho natural, consagrado por la impunidad con que se ejerce y la rapidez con que se olvida. La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, absuelve los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso. La memoria del poder, que los centros de educación y los medios de comunicación difunden como única memoria posible, sólo escucha las voces que repiten la aburrida letanía de su propia sacralización. La impunidad exige la desmemoria. 
Hay países y personas exitosas y hay países y personas fracasadas, porque los eficientes merecen
premio y los inútiles, castigo. Para que las infamias puedan ser convertidas en hazañas, la memoria del norte se divorcia de la memoria del sur, la acumulación se desvincula del vaciamiento, la opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza y la pobreza vienen de la eternidad y hacia la eternidad caminan, y que así son las cosas porque Dios, o la costumbre, quieren que así sean.
Octava maravilla del mundo, décima sinfonía de Beethoven, undécimo mandamiento del Señor: por todas partes se escuchan himnos de alabanza al mercado libre, fuente de prosperidad y garantía de democracia. La libertad de comercio se vende como nueva, pero tiene una historia larga. Y esa historia tiene mucho que ver con los orígenes de la injusticia, que en nuestro tiempo reina como si hubiera nacido de un repollo, o de la oreja de una cabra:
Hace tres o cuatro siglos, Inglaterra, Holanda y Francia ejercían la piratería, en nombre de la libertad de comercio, mediante los buenos oficios de sir Francis Drake, Henry Morgan, Piet Heyn, Franzois Lolonois y otros neoliberales de la época; la libertad de comercio fue la coartada que toda Europa usó para enriquecerse vendiendo carne humana, en el tráfico de esclavos; cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio, y las telas norteamericanas, más caras y más feas que las telas inglesas, se hicieron obligatorias, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto; después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la libertad de comercio para obligar a muchos países latinoamericanos al consumo de sus mercancías, sus empréstitos y
sus dictadores militares; envueltos en los pliegues de esa misma bandera, los soldados británicos impusieron el consumo de opio en China, a cañonazos, mientras el filibustero William Walker restablecía la esclavitud, también a cañonazos, y también en nombre de la libertad, en América Central; rindiendo homenaje a la libertad de comercio, la industria británica redujo a la India a la última miseria, y la banca británica ayudó a financiar el exterminio del Paraguay, que hasta 1870 había sido el único país latinoamericano de veras independiente; pasó el tiempo y a Guatemala se le ocurrió, en 1954, practicar la libertad de comercio
comprando petróleo a la Unión Soviética, y entonces los Estados Unidos organizaron una fulminante invasión, que puso las cosas en su lugar; y poco después, también Cuba ignoró que su libertad de comercio consistía en aceptar los precios que se le imponían, compró el prohibido petróleo ruso, y ahí se armó el
tremendo lío que desembocó en la invasión de Playa Girón y en el bloqueo interminable.

Todos los antecedentes históricos enseñan que la libertad de comercio y las demás libertades del dinero se parecen a la libertad de los países, tanto como Jack el Destripador se parecía a san Francisco de Asís. El mercado libre ha convertido a nuestros países en bazares repletos de chucherías importadas, que la mayoría de la gente puede mirar pero no puede tocar. Así ha sido desde los lejanos tiempos en que los comerciantes y los terratenientes usurparon la independencia, conquistada por nuestros soldados descalzos, y la pusieron en venta. Entonces fueron aniquilados los talleres artesanales que podían haber incubado a la industria nacional. Los puertos y las grandes ciudades, que arrasaron al interior, eligieron los delirios del consumo en lugar de los desafíos de la creación. Han pasado los años, y en los supermercados de Venezuela he visto bolsitas de agua de Escocia para acompañar al whisky. En ciudades centroamericanas donde hasta las piedras transpiran a chorros, he visto estolas de piel para damas copetudas. En Perú, enceradoras
eléctricas alemanas, para casas de pisos de tierra que no tenían electricidad. En Brasil, palmeras de plástico compradas en Miami. Otro camino, el inverso, recorrieron los países desarrollados. Ellos nunca dejaron entrar a Herodes en sus cumpleaños infantiles. El mercado libre es la única mercancía que fabrican sin subsidios, pero sólo con fines de exportación. Ellos la venden, nosotros la compramos. Sigue siendo muy generosa la ayuda que sus estados brindan a la producción agrícola nacional, que así puede derramarse sobre nuestros países a precios baratísimos, a pesar de sus costos altísimos, condenando a la ruina a los campesinos del sur del mundo.Cada productor rural de los Estados Unidos recibe, en promedio, subsidios estatales cien veces mayores que el ingreso de un agricultor de las islas Filipinas, según los datos de las
Naciones Unidas. Y eso por no hablar del feroz proteccionismo de las potencias desarrolladas en la custodia de lo que más le importa: el monopolio de las tecnologías punta, de la biotecnología y de las industrias del conocimiento y de la comunicación, privilegios defendidos a rajatabla para que el norte siga sabiendo y el sur siga repitiendo, y que así sea por los siglos de los siglos.
Continúan siendo altas muchas de las barreras económicas, y más altas que nunca sealzan todas las barreras humanas. No hay más que echar un vistazo a las nuevas leyes de inmigración en los países europeos, o al muro de acero que los Estados Unidos están construyendo a lo largo de la frontera con México: éste no es un homenaje a los caídos del muro de Berlín, sino que es una puerta cerrada, una más, en las relaciones de los trabajadores mexicanos que insisten en ignorar que la libertad de mudarse de un país es un privilegio del dinero. (Para que el muro no resulte tan desagradable, se anuncia que será pintado de color salmón, lucirá azulejos decorados con arte infantil y tendrá agujeritos para mirar al otro lado.)
Cada vez que se reúnen, y se reúnen con inútil frecuencia, los presidentes de las Américas emiten resoluciones repitiendo que el mercado libre contribuirá a la prosperidad. A la prosperidad de quién, no queda claro. La realidad, que también existe aunque a veces se note poco, y que no es muda aunque a veces se hace la callada, nos informa que el libre flujo de capitales está engordando cada día más a los narcotraficantes y a los banqueros que dan refugio a sus narcodólares. El derrumbamiento de los controles públicos, en las finanzas y en la economía, les facilita el trabajo: les proporciona buenas máscaras y les
permite organizar, con mayor eficacia, los circuitos de distribución de drogas y el lavado del dinero sucio. También dice la realidad que esa luz verde está sirviendo para que el norte del mundo pueda dar rienda suelta a su generosidad, instalando al sur y al este sus industrias más contaminantes, pagando salarios simbólicos y obsequiándonos sus residuos nucleares y otras basuras.


¿A QUIEN AYUDA LA AYUDA?

LA AYUDA AL DESARROLLO TIENDE A BENEFIACIAR MÁS A LOS PAÍSES RICOS QUE A LAS NACIONES POBRES QUE LA RECIBEN. ALGUNOS  DE SUS CRÍTICOS SOSTIEN QUE LA AYUDA AL DESARROLLO, LEJOS DE REDUCIR LA BRECHA ENTRE RICOS Y POBRES, HA CONTRIBUIDO A AHONDARLA.


El aumento y creciente complejidad de los conflictos armados y el agravamiento de los desastres naturales, desde los años 1990 ha producido un incremento considerable de la (casi siempre insuficiente) acción humanitaria.

Hasta 1994, el concepto de seguridad para Naciones Unidas estaba relacionado directamente con los Estados. Fue en ese año que se incluyó por primera vez el termino <<seguridad humana>> en el informe sobre Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo(PNUD). El echo fue catalogado por muchos como una pequeña revolución copernicana. La seguridad ya no tenia como centro al Estado sino al ser humano. Por primera vez en la historia se tomó conciencia de que las amenazas a la seguridad no sólo provenían de las guerras y la violencia criminal, sino también del hambre, la propagación de nuevas pandemias (VIH/SIDA y Ébola por ejemplo), los desastres medioambientales, el terrorismo, los fanatismos religiosos y étnicos, etc.

Tradicionalmente se ha alegado que la solución pasa por aumentar la ayuda a los países pobres. Sin embargo, la efectividad de la ayuda es cada vez más cuestionada.

Se le lla Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) a las donaciones o préstamos en condiciones financieras privilegiadas otorgados por los organismos públicos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), reunidos en el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Por lo tanto, un préstamo que sea concedido a una tasa de interés menor a la del mercado es considerado como ayuda, más allá de que el país beneficiario deba rembolsar todo el monto y sus intereses.

Además, el otorgamiento de ayuda generalmente viene acompañado de una lista de condiciones que deben ser cumplidas. Las más comunes, y que aparecen en la mayoria de los préstamos, son la reduccion del déficit público, las privatizaciones de los servicios del Estado, la reducción de las medidas aduaneras proteccionistas y la superesión del control de movimiento de capital. Estos “condicionamientos” son definidos por las naciones industrializadas, el Banco Mundial y el FMI.

Para algunos críticos, la AOD significa una forma ineficiente de asignar los recursos, llena de interferencias políticas y de intereses particulares, por lo que, a decir de Eric Toussaint, presidente del Comité para la Cancelación de la Deuda del Tercer Mundo, “debería desaparecer y dejar paso a los mecanismos del mercado”. Estos críticos afirman que por estar sujeta a los intereses políticos de las naciones del Norte, la ayuda ha respaldado un modelo de desarrollo que ha contribuido a aumentar la brecha entre Norte y Sur, Ricos y Pobres.

Según el escritor estadounidense Paul Theroux, África no necesita ayuda económica indiscriminada sino que le permitan ser ella misma. En las últimas décadas, África ha recibido enormes cantidades de dinero por concepto de ayuda humanitaria, sin embargo, los resultados están muy lejos de corresponder a las expectativas. Para algunos analistas, Occidente busca mantener al continente el la dependencia, para otros, es África la que no se preocupa por desarrollarse, prefiriendo jugar el papel de mendigo que exige la ayuda invocando eternamente los agravios históricos.

Para muchos, de todos modos, el verdadero problema es que la ayuda es insuficiente. El informe sobre Desarrollo Humano 2005 del PNUD, por ejemplo, señala que la ayuda tiene su razón de ser en la justicia social y el interés personal conciente en la prosperidad y seguridad colectiva. En el documento se hace hincapié en que, de no mediar más ayuda y de no ser la misma eficaz, un gran número de países no tendrá recursos financieros suficientes para alcanzar la infraestructura social y económica necesaria para cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). De acuerdo a esta visión <<la ayuda bien orientada acelera el desarrollo humano>>

El PNDU advierte que la ayuda adicional, por si sola, es insuficiente; debe modificarse la manera en al que se proporcionan los fondos a los países. Los países del Sur necesitan ayuda que sea previsible, que minimice los costos de transacción y minimice el valor del dinero. Los países beneficiados generalmente reciben ayuda imprevisible, descoordinada, con condiciones que no reflejan la dinámica de las reformas internas y condicionada a compras en los países donantes. El PNUD destaca que la ayuda es tan incierta que, considerando el método actual de distribución, es difícil para los países en desarrollo planificar con anticipación gastos como los sueldos de los docentes o la construcción de obras de infraestructuras, por ejemplo. Menos del 40 % de la ayuda a los países pobres llega a donde se necesita.

Los países donantes debilatan la efectividad de sus propios programas de desarrollo al condicionar la ayuda a la compra de sus productos. Para los países en desarrollo, tales arreglos incrementan en 20% el costo de comprar los mismos productos en el mercado libre, lo que equivale a un impuesto a la asistencia de entre 5 mil y 7 mil millones de dólares anualmente, según calculos del Informe sobre Desarrollo Humano 2005.

Desde inicio de los 1970, los paises miembros de la OCDE y el CAD se comprometieron a destinar 0,7 % de su PIB a la AOD, pero los únicos países que han alcanzado y superado la cifra son Dinamarca, Luxemburgo, Noruega, Holanda y Suecia. Aumentando el monto de la ayuda hasta alcanzar el 0,7% del PIB tendría efectos mínimos en las finanzas del país donante, mientras que causaria un gran impacto en los países beneficiarios.

Sin duda, la deuda externa sigue siendo una de las principales fuerzas que mantienen a los países pobres en la pobreza. El pago de intereses representa un enorme y continua transferencia de capitales hacia las naciones ricas y una carga insoportable para los países del Sur. A modo de ejemplo, Zambia gasta más en servicio de la deuda que en educación y Malawi envia un tercio de su presupuesto gubernamental directamente a los países ricos, lo que representa dos veces más de lo que gasta en sanidad para su propia población.

Otro de los factores que contribuyen al arraigo de la pobreza es la estructura actual del comercio internacional. Lejos de ser un motor de crecimiento, el comercio ha jugado el papel de “empobrecedor” de los países del Sur.

En este tema, la Organización Mundial del Comercio (OMC) juega un papel preponderante. La OMC impone el libre comercio a los países pobres, obligandolos a abrir sus mercados. Sin embargo, mientras los campesinos del Sur son arrojados a los lobos, la agricultura de occidente recibe subvenciones de más de 1.000 millones de dólares diariamente. Por ejemplo, Estados Unidos concede 4.000 millones de dólares a sus 25 mil productores de algodón, lo que representa 160 mil dólares a cada uno, muy por encima del valor de su cosecha. Además, los campesinos del Sur deben enfrentar las barreras arancelarias cercanas a los 100.000 millones de dólares anuales contra sus productos.

Ayuda para las Petroleras.

La lucha contra el Terrorismo lanzada y liderada por Washington después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha incrementado una tendencia preexistente, la <<securitización>> de la AOD, convirtiendola en un instrumento más de política exterior para reducir la amenaza terrorista.
Esto ha cambiado las prioridades de la ayuda. Por ejemplo, a fines de los 1990, sólo la cuarta parte de la ayuda exterior proporcionada por Esatados Unidos, estaba relacionada con asuntos de seguridad; en 2004, esta proporción ya habia superado la mitad.

La linea oficial del CAD es que la cooperación para el desarrollo puede servir a la lucha antiterrorista, aunque orientándose hacia la prevención y tratando de no abandonar los objetivos de desarrollo. Debe, por ejemplo, dirigir fondos hacia la construcción de estructuras políticas más fuertes y estables, crear programas de empleo dirigidos a jóvenes susceptibles de ser captados por grupos terroristas y ayudando a reformar los sistemas aducativos de determinados países.

La invasión de Irak condujo a un uso altamente cuestionable de la ayuda, tanto por estados Unidos como por el Reino Unido. La ayuda de washington al pueblo iraqui es en realidad una ayuda a la expansión de las empresas petroleras y constructoras estadounidenses. Además, según algunos analistas, el costo de la destrucción ha sido transferido a Irak, en forma de deducciones a su renta petrolifera, que se realizáran una vez que el país haya sido reconstruido.


Nota extraida de "Un Planeta, Dos Mundos" ( Guia del Mundo 2007 // Instituto del Tercer Mundo)
Fuentes: Eric Toussaint, La insignia.
Informe sobre desarrollo Humano 2005, PNUD
Fundación Seminario de Investigación Para la Paz U
USAID
rebelion.org

jueves, 28 de marzo de 2013


Socialismo o barbarie





Socialismo o barbarie fue un grupo marxista francés que existió entre 1948-1965. El nombre también se refiere a la revista del grupo. La expresión Socialismo o barbarie fue utilizada por primera vez por Rosa Luxemburgo en 1916, inspirada por un texto escrito por Friedrich Engels.

Orígenes de Socialismo o barbarie

En 1946, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort (entre otros miembros del Partido Comunista Internacionalista (PCI) francés), crearon la llamada tendencia Chaulieu-Montal, que pronto pasaría a llamarse Socialismo o barbarie. En 1948, la facción se separó del PCI y abandonó los postulados trotskistas, en particular la consideración de la URSS como estado obrero degenerado. El grupo comenzó entonces a publicar la revista del mismo nombre. Otros integrantes fueron: Daniel Blanchard (como Pierre Canjuers), Guy Debord, Jacques Gautrat (como Daniel Mothé), Gérard Genette, Pierre Guillaume, Alain Guillerm, Jean Laplanche, Jean-François Lyotard, Albert Maso (como Vega), Henri Simon y Pierre Souyri.

Ideas principales

Los miembros de Socialismo o barbarie combatían el estalinismo en todas sus formas y trataron de desarrollar un marxismo antidogmático. Consideraban a la URSS y a todos los países autodenominados socialistas como capitalistas de Estado, es decir, sociedades dirigidas por una nueva clase dominante (la burocracia) de explotadores engañosamente autonombrados socialistas, es decir, dirigentes del Estado y de la economía que habían ocupado el lugar de los patronos mientras que la situación real de los trabajadores permanecía sin cambios.


Desarrollo y disolución

Aunque fuertemente influido por Castoriadis, el grupo tuvo desde su creación diferentes corrientes internas que acabaron por producir dos escisiones importantes:
En 1951, un primer conflicto estalló entre los partidarios de crear un partido revolucionario estructurado en torno a un programa político (Castoriadis) y los que confiaban en la unión espontánea de la vanguardia obrera a lo largo de un proceso revolucionario violento; éstos creían que Socialismo o barbarie no debía ser más que un lugar de discusión y de crítica. La controversia condujo a la salida temporal de Lefort y otros militantes.
En junio de 1958, después de asumir De Gaulle la presidencia de la República, se produjo otra crisis con el mismo tema de fondo, pero en una situación nueva provocada por la llegada de nuevos miembros, la mayoría estudiantes. Un grupo retomará las tesis de Lefort y formará Informations et Liaison Ouvrières (Información y lazos obreros). Por su parte, Castoriadis y otros militantes, aun rechazando el modelo leninista de partido, se pronunció por el desarrollo de una organización política basada en un programa de acción enfocado a ayudar a la vanguardia obrera a desarrollar su toma de conciencia política
A partir de 1960, Castoriadis se fue alejando del marxismo. Entendía que la extensión de los regímenes burocráticos y la burocratización creciente del capitalismo estaba creando una sociedad de estructura piramidal donde la mayoría de las personas, sometidas a la alienación, podrían ser impulsadas a combatir el sistema fuera de la idea de lucha de clases, superada por un régimen capitalista/burocrático capaz de eliminar las crisis, asegurar el crecimiento económico y aumentar el nivel de vida.
Después de sucesivas escisiones, Socialismo o barbarie se autodisolvió entre 1966 y 1967.

miércoles, 27 de marzo de 2013


Valerie Solanas y el MANIFIESTO  SCUM

El intento de asesinato de Andy Warhol

El 3 de junio de 1968, Solanas acudió a The Factory y se encontró con Warhol en el ascensor. Warhol notó algo raro en Valerie: llevaba maquillaje. Salieron del ascensor, sonó el teléfono y Warhol contestó. En la oficina también se encontraban Mario Amaya, crítico de arte, y Fred Hughes, encargado de The Factory. Después de varios minutos de conversación, Warhol dejó el teléfono; entonces Valerie sacó un revólver y disparó dos veces. Warhol cayó al suelo e intentó protegerse bajo un escritorio, pero un tercer disparó le atravesó el cuerpo. Valerie después disparó a Mario Amaya dándole en la cadera e intentó dispararle a Fred Hughes. Amaya sufrió sólo heridas menores, y fue dado de alta ese mismo día. Esa misma tarde, Valerie se entregó a la policía. Argumentó que Warhol estaba planeando robar su trabajo y que controlaba demasiado su vida.

El juez ordenó que la trasladaran al Hospital Psiquiátrico de Bellevue bajo observación. Se declaró culpable de intento de homicidio, asalto y tenencia ilícita de armas y recibió una sentencia de tres años. Warhol rechazó testificar en su contra. El juez la declaró inhabilitada legalmente y la envió al Hospital Ward Island.2

El suceso tendría un impacto profundo en Warhol y su arte. Valerie fue puesta en libertad en septiembre de 1971 y arrestada de nuevo en noviembre del mismo año por enviar cartas amenazadoras a varias personas, entre las que se encontraba de nuevo, Andy Warhol. En 1973 entró y salió de hospitales psiquiátricos varias veces y en 1975 estuvo nuevamente ocho meses en el hospital South Florida. Ninguna biografía menciona nada sobre que Valerie haya recibido ningún pago por la venta de su obra.2
Murió el 26 de abril de 1988, a los 52 años, de enfisema pulmonar y neumonía en una institución benéfica de San Francisco. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la Saint Mary’s Catholic Church, Virginia, EEUU.


 Actividad artística en Nueva York


En 196] se estableció en Greenwich Village, donde escribió un guion de película titulado Up your ass sobre una prostituta que odiaba a los hombres y un mendigo. En 1967, Valerie le lleva su obra al artista Andy Warhol y le pide que actúe como productor. Warhol acepta y le pide el borrador para revisarlo. El borrador de la obra nunca regresó a Solanas. Se cree que Warhol nunca tuvo la intención de producir la obra ni como obra teatral ni como película y el manuscrito se le perdió. Valerie empezó a llamar por teléfono a Warhol, exigiéndole la devolución del borrador de Up your ass. Cuando Warhol admitió que lo había perdido, ella comenzó a exigir dinero como compensación. Warhol no hizo caso, pero le ofreció un papel en una escena de su película I, The Man (1968-1969), por el cual le pagó 25 dólares.2 En su libro Popism, Warhol escribió que consideraba a Solanas una persona interesante y divertida, pero que el hecho de que comenzara a asediarlo hasta el acoso, hizo que decidiera alejarse de ella.
A finales de los años sesenta, Solanas escribió y autopublicó su trabajo más conocido, el Manifesto SCUM, una proclama que llama a la destrucción de los hombres y a la liberación de las mujeres. Las siglas con que es conocida la obra no aparecen en el manifiesto en sí, y algunos creen que simplemente hace referencia a la expresión "capa de suciedad" (en inglés: scum).

La palabra inglesa "scum" se traduce como "escoria" o capa de suciedad

El Manifiesto SCUM comenzó a circular a partir de 1968 tanto en ediciones pirata como publicadas por círculos feministas, existiendo por tanto numerosas ediciones del mismo. Su contenido gira entorno al exterminio del género masculino, al que acusa de representar los más bajos vicios frente a las mujeres que, sólo alejadas de la influencia del hombre, son seres propiamente humanos y dignos de existir. Entre sus propuestas están el evitar traer hombres al mundo y el asesinato por la sociedad SCUM de todos aquellos hombres que no estén colaborando de forma consciente o inconsciente en el genericidio

El Manifiesto SCUM es considerado una importante muestra del feminismo separatista. Ejerció gran influencia sobre grupos feministas como Cell 16 por su análisis social descarnado y, en ciertos pasajes, lúcido. Solanas es citada en las notas de Generation Terrorists, el primer álbum de los Manic Street Preachers. Su canción "Of Walking Abortion" en el álbum The Holy Bible debe su nombre a una cita del Manifiesto. La banda punk Big in Japan compuso su canción "Society for Cutting Up Men" inspirada por él.

Un buen resumen de esta interesante historia gracias Wikipedia

sábado, 23 de febrero de 2013

 
Art Workers' Coalition

A pesar de haber escrito hace cuatro décadas, las interrogantes planteadas por la Art Workers' Coalition siguen estando presentes dentro del mundo del arte en estos tiempos que nos tocan vivir; para mi uno de los puntos mas importantes sobre el papel del arte en la sociedad y su implicación politica en los acontecimientos actuales.

Este grupo comenzó con una espectacular acción de protesta en el Museo de Arte Moderno que fue seguida muy de cerca por el New York Times, Village Voice y el East Village Other. La AWC era una organización de artistas democráticamente abierta y anti-jerárquica. Planificaron una agenda para transformar el mundo del arte y presionar a los museos a cambiar. Las demandas del grupo estaban asentadas en el problema de los derechos civiles – iguales oportunidades de exhibición para los artistas de color y para las mujeres y derechos legales mas extendidos para todos los artistas. Esta agenda de reformas fue sintetizada, refinada y hasta delirada durante las “audiencias públicas” en las que artistas y críticos hablaban. La AWC comenzó por las elites cosmopolitas e incluía a críticos, artistas conceptuales y minimal, pintores y escultores. “Destruction artists” comprometidos con la calle formaron el Guerrilla Art Action Group, como una fracción dentro de la AWC. La coalición de trabajadores del arte fue un crisol para el cambio institucional dentro del mundo del arte. Como una “gran rueda de hilado”, como Jon Hendricks la llamó, la AWC generó y recicló otros grupos de artistas. Estos incluían la Banda de artistas de Puerto Rico, quienes fundaron el Museo del Barrio y el grupo de feministas llamadas Ad Hoc Women (Mujeres Ad Hoc) las cuales actuaron en el Museo Whitney. 


  • TESAURO
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    La Art Workers’ Coalition (AWC) fue organizada en Nueva York en enero de 1969 por un grupo de artistas, cineastas, escritores, críticos de arte y trabajadores de la cultura que pretendían implicar al mundo del arte en las cuestiones políticas y sociales del momento. El grupo combatió decididamente la exclusión de los artistas femeninos y de color de los museos públicos, exigió el acceso universal gratuito a los epacios culturales y pidió la retirada norteamericana de Vietnam.

    La AWC se fundó tras el incidente entre la dirección del Museum of Modern Art de Nueva York y el escultor Takis Vassilakis, que retiró una obra suya de la exposición The Machine at the End of the Mechanical Age por considerar que no representaba su trabajo en ese momento. Ello llevó a una serie de reuniones de artistas y críticos, incluyendo al propio Takis, Wen-Ying Tsai, Hans Haacke, Willoughby Sharp, Carl Andre y John Perreault, que retaron al director del MoMA, Bates Lowry, a mantener una discusión pública sobre el tema “La relación del museo con los artistas y la sociedad”. Tras la negativa de Lowry se organizaron varias manifestaciones y piquetes ante el MoMA a lo largo de 1969 y un debate público (Open Hearing) en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, con 300 participantes que discutieron sobre política cultural, los derechos de los artístas y la guerra de Vietnam. En octubre, la AWC convocó una huelga contra la guerra que obligó a cerrar el MoMA, el Whitney Museum, el Jewish Museum y casi todas las galerías comerciales. El Metropolitan Museum hubo de suspender la inauguración de su exposición de pintura y escultura americana y el Guggenheim fue rodeado por piquetes. La AWC se disolvió en 1971 en una miríada de grupos con intereses más concretos, como Women Artists in Revolution, Guerilla Art Action Group, y Art Strike.


     
    Brumaria................................La Art Workers’ Coalition (1969-70) es con toda probabilidad el grupo de artistas más representativo a la hora de pensar y formular proyectos de reforma radical de sus relaciones con los museos y, por extensión, con lo que hoy conocemos como Institución Arte. La AWC fue un proyecto y una realidad de escaso recorrido temporal que, sin embargo, constituyó en sí misma una extensa y brillante ecuación de intereses contrapuestos, bajo los cuales latía una de las crisis más lúcidas de la modernidad: aquella que comienza a intuir que la autonomía del arte es, en el mejor de los casos, relativa.

    Su inveterada conexión con la multiplicidad de acontecimientos culturales, sociales, económicos y políticos que se desarrollaron en los largos años sesenta hacen que cualquier intento de evaluar su significado a fecha de hoy resulte difícil, no tanto por su complejidad interna como por la dificultad que entraña mirar, estudiar y cartografiar una etapa histórica cuarenta años atrás —aquellos años en los cuales el embrión de nuevos sujetos políticos anunciaba un mundo y un futuro mejor y radicalmente distinto— desde unos tiempos, los nuestros, herederos de aquellos pero manifiestamente mejorables en todas y cada una de las premisas y realidades en que la AWC basaba su proyecto y su práctica política. El grupo no tuvo una existencia unificada sobre sus objetivos políticos; sus preocupaciones incluyeron la crítica a la desigualdad racial, el sexismo y las actividades militares de Estados Unidos en Vietnam y en Camboya. Tampoco compartía la AWC las mismas perspectivas artísticas. Entre sus impulsores se encuentra una gran variedad de ideales y prácticas artísticas y estéticas; prácticas que, en gran medida, van a alumbrar los más importantes discursos artísticos de las artes visuales desarrolladas desde entonces hasta nuestros días.

    Casi todos los miembros de la AWC, sin embargo, compartían un descontento general con lo que consideraban como un carácter cada día más corporativista y oligárquico del mundo del arte. La Institución Arte ya no se veía como una organización cultural inocua para el público, sino como un conglomerado de intereses económicos e ideológicos en contradicción con los intereses generales de la población, artistas incluidos. La institución, sólo en apariencia, defendía los asuntos estéticos y sociales como algo más importante que los intereses políticos o económicos sobre los que se sustentaba. La postura y la influencia de la AWC con respecto a los asuntos fundacionales planteados fue efectiva de inmediato en Nueva York: grupos que se formaron poco después como el Guerilla Art Action Group (1969), el Ad-Hoc Women Artists’ Committee (1970) y New York Art Strike (1970) estaban en la misma estela reivindicativa en pos de un ensanchamiento significativo del activismo civil. Aunque los medios y las metas de estos grupos eran distintos, el Museo permanecía en la focalización crítica de todos ellos.

    Se pueden extrapolar en paralelo entre y sobre las condiciones sociopolíticas en las que estos grupos surgieron y el estado actual del mundo del arte, un mundo sustancialmente distinto en términos cualitativos y cuantitativos. Efectivamente, la crisis económica y las acciones militares de los Estados Unidos en Irak y Afganistán están creando un ambiente que nos obliga a volver a visitar, con quizás más urgencia que antes, muchas de las mismas cuestiones que tuvieron su origen en Nueva York hace cuarenta años. ¿Hasta qué punto representan fielmente los museos e instituciones del arte las preocupaciones estéticas y sociales de los artistas? ¿Cómo debe de situarse el artista frente a la tupida red de intereses económicos y políticos en la que operan los museos y el mercado en la era del neoliberalismo triunfante y unívoco? ¿Cuáles son, si aún nos fuera posible hoy vislumbrarlas, las claves germinales de una posible crítica a la política dominante desde el arte y la estética?


    Nuestra esperanza, posiblemente ingenua, es que estos acontecimientos historicos, y su conocimiento contribuyan a la apertura de un discurso sobre el que otros pueden seguir derivando conclusiones de esa historia con el objetivo de entender las dificultades actuales a la hora de evaluar cuál es la naturaleza de las relaciones de los artistas con las instituciones.


    Metrópolis recomienda la publicación que recoge la trayectoria de la Art Workers - Coalition (1969-70), con toda probabilidad el grupo de artistas más representativo a la hora de pensar y formular proyectos de reforma radical de sus relaciones con los museos y, por extensión, con lo que hoy conocemos como Institución Arte. La AWC fue un proyecto y una realidad de escaso recorrido temporal que, sin embargo, constituyó en sí misma una extensa y brillante ecuación de intereses contrapuestos, bajo los cuales latía una de las crisis más lúcidas de la modernidad: aquella que comienza a intuir que la autonomía del arte es, en el mejor de los casos, relativa.
    La presente edición de Brumaria, por medio de material documental, material de archivo y la participación generosa de alguno de los protagonistas fundacionales de la AWC, contiene las voces, las acciones y los manifiestos de los artistas mismos. Con ello se trata de recordar al lector la urgencia con la que estos individuos intentaron reformar el mundo del arte y cómo lo iban a hacer, transitando sobre sus éxitos y sus fracasos a través de una práctica hoy por hoy ineludible a la hora de construir una historia del arte contemporáneo ni oficialista ni al margen de las ideas de su tiempo. Hemos incluido además varios textos críticos relacionados con muchos asuntos claves que rodean a la historia intricada de la AWC y sus grupos satélites. Nuestra esperanza, posiblemente ingenua, es que estos textos contribuyan a la apertura de un discurso sobre el que otros pueden seguir derivando conclusiones de esa historia con el objetivo de entender las dificultades actuales a la hora de entender cuál es la naturaleza de las relaciones de los artistas con las instituciones.   

    http://catalogo.artium.org/dossieres/4/guernica-de-picasso-historia-memoria-e-interpretaciones/dimension-politica-del-guernica-







    martes, 19 de febrero de 2013

    LIBROS







    Recomendación!!! no deberias dejar de leer este libro y cualquiera que sea de Chomsky.

    Cómo funciona el mundo es una obra ideal para adentrarse en el pensamiento de uno de los más importantes intelectuales contemporáneos, cuyos agudos análisis y su clara expresión son una herramienta clave para una mejor comprensión del complejo mundo en que vivimos. 


    Con una lucidez excepcional y con argumentos poderosos y convincentes, Noam Chomsky pone al descubierto, en este libro, las realidades de la geopolítica contemporánea. Dividida en cuatro secciones –editadas originalmente como cuatro libros breves–, la obra se ocupa tanto de la política exterior norteamericana como de los efectos de la nueva economía global sobre la pobreza y el hambre, de la ecocatástrofe que el capitalismo está provocando, del fundamentalismo religioso, de la igualdad y las debilidades de la democracia y del efecto pernicioso de los medios masivos.


    Pero sin duda, Chomsky es más conocido popularmente por su activismo político, centrado sobre todo en una feroz crítica al capitalismo moderno, o corporativismo, y a la política exterior de los Estados Unidos. En referencia a su obra política, Chomsky fue reconocido por el New York Times como “el más importante de los pensadores contemporáneos”.

    La irrupción de Chomsky en el activismo y la crítica política tuvo lugar en 1964, con su participación en las campañas de movilización popular contra la Guerra del Vietnam. Fruto de esta implicación, en 1969 publicó el libro American Power and the New Mandarins (El poder estadounidense y los nuevos mandarines), donde a partir de la compilación de diversos artículos, analiza la responsabilidad y el papel del mundo académico en la puesta en marcha de aquella guerra contra Vietnam. 


    Sobre el autor:

    Obtuvo su licenciatura en la Universidad de Pennsylvania. Es investigador y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fundador de la gramática generativa transformacional, Chomsky es reconocido, además de por su actividad científica, por sus polémicas intervenciones críticas sobre la sociedad, la economía y la política mundial. Ha recibido numerosos premios y honores académicos, entre los cuales se destacan los concedidos por las universidades de Chicago, Cambridge, Autónoma de Madrid, Autónoma de México, de Buenos Aires y de Pekín.

    martes, 12 de febrero de 2013

    EXODOS UNO


    EXODOS UNO
    Mi pregunta insoportable....
    A.Iturburu 2013 // 31 dias de octubre projet
    Repasando una ves mas un libro magnifico del fotógrafo Sebastiao Salgado “Éxodos”, un trabajo que muestra por medio de cientos de fotografiás la historia de la humanidad en transito, y en donde Salgado en su prologo nos revela que antes de emprender su viaje creía sinceramente que la humanidad estaba evolucionando positivamente. No obstante se dio cuenta que no estaba preparado para lo que le esperaba y posteriormente lo que aprendió de la naturaleza humana y el mundo en el que vivimos, le hizo dudar profundamente sobre el futuro de la humanidad.
    Para desarrollar el proyecto “31 días de Octubre//Humanity and Inhumanity”, creo que mas que nunca me siento identificado con Salgado y sus sensaciones hacia la humanidad y su futuro, aunque parece ser un elemento normal en la historia del ser humano, la guerra, la muerte, la miseria, la desigualdad, no deja de ser mas que llamativo e importante conocer, esta horrible actualidad.

    Mientras escribo esta nota, leo el ultimo informe de la ONU sobre el hambre en el mundo; cerca de 870 millones de personas, una octava parte de la población mundial, padecían subnutrición crónica en el período 2010-2012; y aunque en el mundo actual de oportunidades sin precedentes a nivel tecnológico y económico, nos parece totalmente inaceptable que más de 100 millones de niños menores de cinco años tengan falta de peso, y que la desnutrición infantil provoque la muerte de más de 2,5 millones de niños cada año; sabemos que el mundo posee los conocimientos y los medios para eliminar toda forma de inseguridad alimentaria y desnutrición, pero parece que son pocos los esfuerzas para lograrlo realmente.

    Mi pregunta insoportable es, nos interesa realmente enfrentar este problema, los responsables de las políticas internacionales, que son los que tienen en sus manos la posibilidad de realizar los cambios, no están actuando con buen rendimiento; una ves mas me siento cerca de Salgado y pienso, mi esperanza es que, en tanto que individuos, grupos, sociedades, nos detengamos a reflexionar sobre la condición humana al alba de un nuevo milenio, y mas que nunca convencido de que sólo hay una raza humana, nosotros tenemos la llave de nuestro futuro, pero para acceder a él debemos primero comprender el presente. No podemos permitirnos pasar de largo.

    Los conflictos mundiales que existen en la actualidad, son muchos al igual que sus victimas que directa o indirectamente sufren sus consecuencias, mujeres, niños, voces mudas de este mundo, pueblos enteros arrasados, consumidos, por algunos intereses que poco tienen que ver con ellos mismos.
    Me interesa este tema, y me parece que el arte debe ser activo hoy mas que nunca, tomando una posición critica, denunciando, siendo un ojo observador de los acontecimientos, aportando soluciones también, pero sobre todo haciendo reflexionar a los demás sobre temas importantes.

    A.I.